Al 'máistro' con cariño
- vegaypedraza
- 15 may 2016
- 3 Min. de lectura
Antiguamente, el Día del Maestro era todo el año, pero en algún punto, la cosa se torció.
En mis tiempos, que por fortuna no han quedado todavía muy atrás, a los maestros se les quería, se les temía y se les respetaba casi en la misma medida por lo que representaban. Eran los artesanos de las maleables y fértiles mentes de miles de educandos; eran una autoridad moral, muchas veces por encima de la Iglesia y el Estado. Constituían un verdadero venero de conocimiento y eran copartícipes de los padres en un modelo de educación integral.
Es cierto, daban reglazos, aventaban el borrador y a veces regañaban hasta a los papás. Pero, ¿quién de nosotros, hasta antes de la generación X se queja de la calidad de educación que recibió? ¿De la formación moral que nos hizo caminar "más o menos derechitos" por este intransigente mundo actual?
Tal vez la cosa comenzó a torcerse con la intervención de un sindicalismo mal entendido, la corrupción y el clientelismo de los partidos políticos (otra que le debemos al maléfico PRI de toda la vida) que hicieron del gremio magisterial un cómplice del poder en turno y un paraíso laboral a raíz de las llamadas "conquistas sindicales".
¿Quién no quisiera ganar lo que ganan, descansar lo que descansan, y tener las 164 prestaciones que tienen, según lo que publica hoy el diario Reforma?
El citado periódico pone, por ejemplo, que "a los maestros de Sonora se les da una bonificación por la primavera, y quienes dan clases de música en los jardines de niños de Michoacán son premiados el Día del Músico. En Puebla se pagan los días de la Docente Distinguida, de la Educadora y de la Madre Trabajadora, y en Morelos hay un Bono de Riesgo Volcánico, así como una compensación por concepto de vida cara".
Como resultado de lo anterior, hubo un 'boom' de la carrera magisterial que mantuvo saturadas las escuelas normales hasta hace poco tiempo, tras la reforma educativa, que ni es reforma, ni es educativa y está coja, al ser sólo un intento de reforma laboral.
No hace falta sumergirse en los resultados de la evaluación docente ni del Ceneval. Tan sólo las pancartas que enarbolan en las marchas, muchas veces escritas con faltas de ortografía, documentan por sí mismas un descenso en la calidad de su instrucción.
Otro indicador sombrío es la cada vez más alarmante falta de gusto por la lectura entre los jóvenes.
Eso es lo preocupante, pero no sólo para los que nos dedicamos, de una u otra forma a arrastrar la pluma o aporrear el teclado.
Según datos de la Encuesta Nacional de Lectura del 2015, el 3.5 de la población encuestada lee por placer y el 1.8, por obligación escolar o profesional. Concluye que los mexicanos leemos 5.3 libros al año, en promedio. ¿Será?
Efectivamente, alguien no ha estado haciendo bien su trabajo.
Pero las nuevas condiciones no nos garantizan que comiencen a hacerlo mejor. Sólo nos queda mantener una postura crítica con las medidas implementadas por las autoridades, y de vigilancia y exigencia para elevar el nivel de los docentes y los contenidos que se enseñan en las aulas.
Por lo pronto, mando un cordial abrazo y felicitación a los maestros de verdad. A los comprometidos con la enseñanza, a los promotores de las ideas, a los que inspiran, a aquellos que hacen de la enseñanza un apostolado.
A los otros, a los 'máistros', a los chambones, a los grillos, a los vivales y vividores del sistema, sólo les ofrezco mi cariño compasivo.
Sea.
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